Tomás Lavín Vivanco (1930)

Biografía breve:

Nació el 31 de julio de 1930 en la casa bajera de la Magdalena bajera (barrio La Magdalena), en Balmaseda.   A su casa la llamaban “la casa de los kenedys”.   Su padre Tomás Lavín  Lasfuentes era de Balmaseda y su madre, Felipa Vivanco Llaguno, de Beci  (Sopuerta) pero criada en Arcentales.

Fue el último de  trece hermanos (cinco murieron antes de cumplir 20 años).   No conoció a su padre que murió unos meses antes de nacer él.   Debió  estudiar en la Escuela Pública (aunque el señala que estudió muy poco) hasta que el 8 de febrero de 1943 empezó a trabajar.   Estuvo 33 años (hasta julio de 1976) en el taller de muebles de Pereda.   Posteriormente,  con el objetivo de ganar más dinero, trabajó con el contratista José Filgueira realizando diversas obras por Balmaseda hasta que este murió y quedó en el paro.   Después alternó diversos trabajos temporales (algunos probablemente impulsados por el ayuntamiento) hasta que accedió a la plaza del servicio de limpieza municipal que había quedado libre tras la muerte de  Kiko Etxebarria “El Caimán”.   Ahí estuvo hasta los 65 años, momento en el que se jubiló.

 


 

VÍDEO (resumen)

 


 

-Guerra Civil:

Tenía 6 años cuando estalló.   Su hermana le llevaba al túnel (refugio) de Fabio Murga (había otros dos, uno en La Robla y otro en la calle Correría).

Recuerda que el primero que entró en Balmaseda tras su caída fue Horacio Ródenas “Tachín” en un tanque.   También se veían muchos milicianos por Balmaseda. En la tapia que bordeaba el chalet de los Urrutia tiraron una bomba pequeña que mató a dos soldados que estaban de guardia.   Otra bomba mató “a la de Filipiano (Basilisa)” que  vivía en el 5º piso de una casa de La Magdalena.

Su hermano Ángel estuvo 8 años  preso y 36 con condena de muerte hasta que le soltaron.

 

-Infancia y primeros años de postguerra:

Fueron tiempos muy malos, de mucha necesidad y hambre.   No se centra en temas concretos sino que evoca recuerdos y anécdotas personales una y otra vez.   Recuerda que donde Pelayo había manzanos y, por la noche, iban a coger las manzanas para robarlas y comerlas porque “había que espabilar” ya que en casa eran muchos.  Su madre les hacía talos con la harina que traía su hermano en burro desde el molino de La Reneja (Arcentales).   Iba hasta allí porque en Balmaseda había poca harina y poco pan.   Pasaron mucha hambre.

 

-Vida laboral:

Empezó a trabajar el 8 de febrero de 1943 entrando en el taller de muebles de Pereda donde trabajaba muchísimas horas. Algunos años trabajaba de 6 de la mañana a 8 de la tarde.   Estuvo 33 años (hasta julio de 1976).  Tomás recalca constantemente la necesidad de trabajar y de “espabilar”, “sacarse las castañas del fuego”, etc…, especialmente cuando se refiere a las épocas de su infancia y juventud aunque también en su madurez pues no parece haber tenido trabajos demasiado remunerados.   En un determinado momento de la entrevista se refiere a sí mismo como “jornalero”.   El hecho de que su familia fuese excesivamente numerosa, eran 8 hermanos, y que su madre viuda agudizó el problema.

 

-Aspectos diversos de Balmaseda:

Recuerda cosas como que en Trascorrales había una gran cuadra que anteriormente había sido carbonera.   Era de Félix “el negrito” y de Eugenia. En ella guardaban los caballos y otros animales de la feria.   Con el caballo iba por los pueblos a vender semilla.   También debía elaborar txakoli.   En ocasiones alquilaba la cuadra o parte de ella.  En la propia cuadra se hacía semanalmente una feria de cerdos.

 

-Fiestas y diversión:

Iban a los txakolis que tenían algunos balmasedanos como al de Miguel Goikoetxea “el cagón”, en El Nocedal, al de Somocueto, al de Casio, al de la calle Correría…   También tenía txakoli el pastor de Pandozales que utilizaba una pizarra para apuntar las jarras que se vendían.   Recuerda cómo le borraban de la pizarra las jarras para no pagar incidiendo, aparte de las risas y bromas, en la necesidad imperante y la falta de dinero.

Recuerda lo señalado por otros: la importancia del baile de la “Casalavilla” con las bandas de Alejandre y Aniquín, de cómo las fiestas de El Carmen se empezaron haciendo en el Campo de las Monjas y que había toros (en el frontón) y que la gente iba a esperar a los toreros a la estación como si fuesen estrellas; de las fiestas de San Roquillo los charlatanes que acudían a ella vendiendo de todo (“Kinito”, “León Salvador”…); de la Subida a San Roque recuerda que acudían gentes de todos los lugares (El Berrón, Villaverde, Carranza…) y cómo muchos de Balmaseda subían en burros, caballos… así como las celebraciones en la campa de la ermita y cómo la bajada “era la hostia” hasta el San Juan.

 



 

Entrevista completa:

Enlace al archivo de la entrevista completa, protegido por contraseña.

Para poder visionarlo, ponerse en contacto con Harresi Kulturala Elkartea.

ENLACE