Agapito Julián Lahera Álava (1929)

Biografía:

Agapito Julián Lahera Álava (Agapito es el nombre religioso pero nadie lo utiliza). Nació el 18 de agosto de 1929 en la llamada Casa Santa (no sabe por qué la llamaban así), situada en una calle que bajaba del “Árbol Gordo” (ubicado en la salida de Balmaseda hacia Castro Urdiales). Estaba al lado del taller y garaje de Pedro Aritza, el taxista más viejo de Balmaseda.

Su padre, Vicente Lahera, era de Abellaneda (Sopuerta) y su madre de Arceniega. Su madre era ama de casa, nunca trabajó fuera.

El padre era chófer de Pedro de Asua. Con 12, 13 años salió del caserío de Abellaneda (el abuelo de Julián siempre contaba que le habían robado a su hijo) para vivir, servir y trabajar en casa de los Asua. En el taller de Aritza aprendió mecánica y se convirtió en el chófer de Pedro de Asua, recientemente beatificado. Recuerda que cuando le tocó ir a la mili los Asua pagaron la cuota (soldado de cuota parece que se llamaba este proceso según dice Julián) y se libró de la mili.

Recuerda que los Asua, que eran gente adinerada tenían unos coches fantásticos. En concreto recuerda un Hudson que volaba. Había muy pocos coches entonces y su padre le contaba que, cuando tenía que llevar diariamente a Pedro de Asua al seminario de Vitoria (lo hizo él) se cruzaban sólo con dos coches, uno el de los Oriol en Castrejana. Con lo que había que tener cuidado era con los vacas pues al haber tan poco tráfico se movían libremente por las carreteras.

Siendo pequeño Julián se trasladaron a vivir a una casa de la plaza Los Fueros que es donde residieron toda la vida y donde todavía vive Julián. Se trasladaron allí porque les consiguió la casa Pedro de Asua para que Vicente estuviese más cerca de donde él vivía.

 


 

VÍDEO (resumen)

 


 

Infancia:

Julián estudió primero con las monjas en Hijas de la Cruz siendo párvulo y luego pasó a los maristas. Había párvulos de 1, 2 y 3º.

Ya de algo más mayores (con 12 o 13 años) había algunos que iban a particulares a aprender comercio, algebra, trigonometría, dibujo lineal bien con Etxebarria (que era delineante en La Robla y tenía lección en la calle La Cuesta) o con Miguel Saratxaga que tenía la lección en El Peñueco pues trabajaba en la fábrica de boinas).

Cuando tenían que volver a El Peñueco su padre les iba a buscar hasta La Ribera porque de noche que daba miedo. Además, cuando subían, igual le habían robado peras a alguno, manzanas a otro y les estaban esperando.

Julián identifica toda su infancia en correspondencia con la parte del pueblo a la que él pertenecía, el entorno de la plaza de Los Fueros. Señala que los de El Cristo formaban otro sector, los de Las Tenerías otro, los de La Magdalena otro, Trascorrales otro, La Estación otro… recuerda como hacían guerras entre los chavales de los barrios tirándose las castañas que había en el campo de las monjas.

 

Guerra Civil:

Recuerda que en la plaza los Fueros, donde estaba la casa torre -ahora está edificado- había dos o tres batallones. En el chalet de Regúlez (antes de Vitorica) estaba el jefe de comandancia. Recuerda que cuando las tropas republicanas conseguían algún avance o lograban alguna victoria lo anunciaban.

Se veía cuándo subían las tropas a San Roque por el camino de Pandozales pues el frente de batalla estaba allí, y también cuando bajaban en carros de bueyes a los muertos. Por esa razón, los aviones bombardeaban principalmente el camino de Pandozales y fue la razón de que muriesen los miembros de la familia Vela que eran de Pandozales. Al empezar un bombardeo los Vela se refugiaron en el regato de Pandozales pero les cayó la bomba y mató a toda la familia (unos 4 o 5, no recuerda exactamente). Los chalets se utilizaron para asentar a los mandos. El chalet de Asua, por ejemplo, estaba todo e- –antes de Martín Mendia- estaban los jefazos… Los soldados, por su parte, se asentaban en las escuelas públicas, en los maristas… El batallón Abellaneda cree que estaba en Trascorrales.

Necesidades durante la Guerra Civil:

Durante la Guerra Civil hubo gente que pasó muchas necesidades y los que estaban mejor tampoco podían desperdiciar ni derrochar. Había gente que iba diariamente a comer donde “El Millonario”, otros también a donde los Llaguno-Leniz (el padre se llamaba Eusebio y la madre Felisa) que eran muy caritativos o a casas de otros ricachones. Esta situación también se mantuvo, en algunos casos, en los primeros años de la postguerra.

Era también medianamente común que, sobre todo los niños, fuesen a pedir que les diesen algo de rancho a los soldados de los batallones acantonados en Balmaseda. Recuerda también los robos de peras, manzanas o como,  de chaval, cogías los frutos de los bortos que se llamaban borrachizos que aunque decían que eran malos se los comían. Las metras de los prados también se las comían. Para ellos aquello era un lujo pues las comidas eran poco variadas y faltaban de muchas cosas.

También señala que algunos comerciantes se afanaban en ayudar a su manera a sus vecinos. Por ejemplo, Luis Larrea dejaba la puerta abierta de su almacén adrede para que la gente hambrienta cogiese de los sacos de algarrobas que había dentro.

 

Vida social y comercial en la postguerra:

Había dos tiendas principales de ultramarinos, la de Luis Larrea y la de José Olaortua. Luego señala que había tiendillas entre las que menciona la de Magdalena.

En la calle Correría estaba la Taberna de Cuetillo muy típica. Allí iba Babó, el de Ródenas, aquel que en su día dijo: “yo al pueblo de Balmaseda le tengo que hacer ladrar (era un abogado que acabó la carrera con 18 años)”. Era un hombre que vivía en el rancho y cogió la manía de saludar a la gente haciendo guau (así consiguió que todo el pueblo ladrase).

El más rico de Balmaseda era el Marqués de Buniel que habitualmente iba al casino a juntarse con otros adinerados de la villa. Por la terraza no se podía pasar pues ocupaban toda la acera (recuerda a Buniel, a un tal Villabaso, a Juanito Urrutia, a los de don Pío Garagorri –que iban a a veranear al Castillo-, a los Llaguno…). Recuerda que el 90% de la gente se retiraba cuando pasaba por la calle aunque señala que la inestabilidad social se empezó a observar en algunos detalles como cuando un día el hermano de Pitxi Balenziaga, Ciriaco, le pegó dos bastonazos al marqués. Recuerda que el padre de los Balenziaga luego le pegó a él. Julián lo cuenta como una sencilla anécdota pero podríamos considerarlo como un ejemplo de la “rebelión” contra la gente adinerada que empezaban a observarse en la calle.

 



 

Entrevista completa:

Enlace al archivo de la entrevista completa, protegido por contraseña.

Para poder visionarlo, ponerse en contacto con Harresi Kulturala Elkartea.

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