Rosario González Arana “Charo” (1929)

Mari Efi Pérez Elexpek egindako elkarrizketa – Entrevista realizada por Mari Efi Pérez Elexpe


Nacida en Arcentales el 21 de septiembre de 1929.

Para vivir bien hay que ser una persona formal y normal, no meterse con nadie, tener responsabilidad y ser independiente. Yo en la vida he sabido callar siempre y no hacer ruido y me ha ido bien, la verdad. He procurado mantenerme siempre activa y vital, y así sigo. 


A Sopuerta vine a vivir definitivamente en el año 1979.  Antes vivíamos en Muskiz  y ya veníamos a Sopuerta desde 1970  a hacer compras, la carnicería, a buscar la leche… Y nos quedábamos los fines de semana con mis  suegros que vivían aquí. Para cuando vine a  vivir ya tenía mucha gente conocida,  de soltera veníamos aquí a todas las fiestas. Los pueblos más cercanos los recorríamos siempre

Dejamos Somorrostro y mis hijos encantados, porque aquí tenían a todos los amigos. Y nosotros también. Mi marido era de Sopuerta, así que mucho más contento que yo.

Tenía la familia de mi marido aquí y también a dos de mis hermanas que vinieron antes. Viviendo nosotros en Muskiz pusieron un taller de punto, de tejer y a medida y se quedaron a vivir en Sopuerta. Trabajaban  para media Bizkaia y de Las Arenas venía cantidad de gente. Antes trabajaban en casa, en Villaverde. O sea, que tenía mucha familia aquí.

En Sopuerta había un ambiente muy familiar; todos eran conocidos. Ahora ha crecido mucho, hay mucha gente desconocida. Los primeros edificios de pisos que hubo en Sopuerta fueron los de La Baluga. Luego han edificado mucho. Está completamente distinto.

Trabajar he trabajado mucho, eso sí: he cosido, he hecho una cosa, otra; siempre estaba haciendo algo. Después de la escuela aprendí a coser en una academia de Bilbao, me quedé un año en casa de mis tíos, iba el lunes y volvía los sábados. Hasta que me casé trabajé cosiendo para afuera. Cobraba poquísimo y me daba justo para cubrir gastos, descargar a la familia y hacerme el ajuar.

Yo en vida de mi marido he ido siempre con él a todas partes. Tenía amigas, pero los fines de semana siempre nos marchábamos para algún sitio y no salía con las amigas. Los días de labor, sí.

Aquí en Sopuerta había unas fiestas muy buenas, populares, por Santa Ana. Comenzaban ya días antes a organizarlas y el día de la fiesta empezaban desde la mañana con la banda de música tocando por las calles Había toros, había de todo. Venía la gente con comida a la campa. Ahora no es ni sombra de lo que fue antes. En la familia de mi marido eran cuatro hermanos, eran carniceros, la mayor parte de las veces organizaban las fiestas de los toros y luego se quedaban con los restos del toro. Ellos  ponían los toros, los traían, luego los mataban y los llevaban al matadero. Tenían mucho trabajo en esos días de fiestas; era muy distinto a ahora.

Antes en Sopuerta había tiendas, tiendas de ultramarinos, que tenían de todo. Había una en Mercadillo, donde estuvo el estanco, que es ahora una casa rural. En El Castaño, donde Petri, también había una tienda buena, de muchas cosas. La gente se arreglaba así porque entonces no se compraban tantas cosas como ahora. Te limitabas a lo que había en el pueblo y nada más. Ahora somos más exigentes y, si no lo hay aquí, nos vamos a comprarlo a otro lado.

Mis suegros tenían una carnicería en Mercadillo y tuvieron pescadería también. Aquí en La Baluga hubo una pescadería, la de Sixto Mendizábal y más tarde otra en S. Pedro.

Fuimos nueve hermanos y ahora quedamos solo cuatro. Nueve hermanos en una casa de campo que estaba construida en dos provincias, una habitación en terreno de Cantabria y el resto  en Bizkaia Mis padres trabajaban con ganado, con tierra y con la madera y además mi padre talaba árboles, era maderista.

Yo tenía obligaciones. Como los niños de ahora no éramos. Fui a la escuela hasta los catorce años. Quería ser peluquera, pero no pudo ser porque había que ir a Bilbao, pues aquí no había nada más que la escuela pública. Antes de marchar para la escuela, teníamos que hacer la cama y después de que  mi madre recogiera la  leche de los barrios en tinajas  grandes, con carro y un caballo bajábamos la leche al camión del lechero que la llevaba hasta Bilbao, donde otras mujeres la vendían por las casas. Mi casa estaba a un kilómetro del centro del pueblo. Yo me he levantado muchas veces a las seis de la mañana. Y otra hermana que tenía yo, que era mayor que yo, también. Teníamos que limpiar los cacharros donde reposaba la leche por la noche que quedaban sucios al echarlos a las tinajas. No teníamos agua en casa, había que ir a buscarla al río. Antes de marchar hacíamos cuatro o cinco viajes al río con dos cubos cada una para traer agua a casa.

En verano solían venir a mi casa unos tíos de Madrid. Mi padre tenía cinco hermanos y todos vivían en Madrid. Alguno venía con la familia. Había veces que nos juntábamos veinte en casa y había que ir a lavar al río. Y eso lo teníamos que hacer las niñas, porque mi madre con hacerles la comida tenía bastante. Vivíamos también con mis abuelos.

En Sopuerta se me conoce porque estoy mucho en la calle. Voy a todo lo que haya. Antes hacía actividades con la promoción de la mujer, luego con la Asociación de Mujeres. Desde que se creó he participado en todo lo que he podido, charlas, talleres, excursiones. También he viajado mucho en los últimos años con el grupo de mujeres de pintura y con Adineko, he estado en Holanda, París, Bruselas, Munich, Berlín, Oslo, Egipto, Jordania, Damasco…

Un recuerdo: hice la comunión con 9 años, en diciembre y montada en un carro de caballos. Tenía que haberla hecho con 8 pero, durante la guerra, cuando bombardearon Villaverde tuvimos que refugiarnos en Molledo de Portolín y luego en Udías, un barrio de Torrelavega.