Mª. Rosa Aranceta Zulueta (1942)

Mari Efi Pérez Elexpek egindako elkarrizketa – Entrevista realizada por Mari Efi Pérez Elexpe


Nacida en Eibar el 1 de enero de 1942.

Para vivir bien es importante tener autonomía, poder hacer un poquito lo que quieres, que mucha gente no lo puede hacer. Hay personas tienen dinero y tampoco. Hay gente que tiene y no es capaz. Hay que intentar vivir bien, disfrutar de la vida. Me parece más interesante que cualquier otra cosa.


Mi infancia fue muy buena. Muy sencilla, sin lujos, pero vivíamos bien. Recibí clases particulares a los cinco años y a partir de los ocho estuve en el colegio de las monjas de Aldatxe, las hermanas de Nuestra Señora de la Divina Providencia, y a los quince o dieciséis  me fui a Francia, a Cognac, pues las monjas tenían un convento allí. Estuve estudiando un año. Tenía mala relación con alguna monja, porque yo era muy vaga. Había una que era  pintora muy buena y fui a sus clases. Las alumnas que no iban a la pintura iban a coser. Yo no he cosido nunca.

De aquella época recuerdo sobre todo la cuadrilla, que lo pasábamos bomba. Pero, respecto a estudiar, nada, casi nada. Hice un secretariado, taquimecanografía y contabilidad de tres años y luego me examiné en Madrid.

Las cuadrillas eran de chicas. Teníamos una de la calle y otra del colegio; algunos fines de semana nos juntábamos las  dos cuadrillas y éramos hasta veinte. Íbamos mucho al monte. Me he recorrido todos los montes de Gipuzkoa, Bizkaia y Navarra. En Eibar había un autobús que nos llevaba a distintos montes todos los domingos en invierno.  En verano, en trenes y autobuses a la playa.

Con las amigas solíamos ir a veranear a Ondarroa. Un año pensamos en ir a otro sitio, una señora de Poo de Llanes nos sugirió ir a Llanes y nos fuimos seis amigas en un taxi. Esa misma noche conocimos a Javier. Fuimos a una pensión y luego a un baile. Una amiga mía empezó a bailar con Javier; yo empecé a bailar con otro y dos o tres días después Javier ya se acercó a mí, hasta ahora.

Mi madre era una persona muy acogedora, ayudó a criar a dos sobrinos y tengo recuerdos de cómo mujeres mayores que estaban solas venían a casa a cenar y tertuliar todas las semanas.

Mi padre tenía un taller en Eibar y trabajé en la oficina hasta que me casé, de los diecisiete a los veinticinco, más o menos. Estuve en la JOC (Juventud Obrera Católica) que desde 1956 pasó a ser HOAC (Hermandades Obreras de Acción Católica). Era muy interesante. Coordinaba un cura y se hacían análisis de situaciones conflictivas, de problemas bajo el punto de vista de la ética, abiertos, mirando a las personas. La gente siempre trabajaba para el prójimo. No se podía no hacer nada, siempre había que tener una meta. Era bajo un ideario cristiano: trabajar por los demás, la formación por la acción.

Cuando me casé vine a Sopuerta y en un principio me resultó muy distinto, porque Eibar estaba mucho más avanzado en todos los aspectos. Esto estaba como en el monte. No teníamos agua caliente. Yo estaba acostumbrada a ducharme todos los días y aquí había que encender el fuego. En Sopuerta era todo más tipo caseríos.

Aquí las mujeres organizaban la vida familiar: excursiones, tiempo libre, relaciones entre nosotras… Las madres íbamos de vez en cuando al teatro. Fue fácil. Sencillamente empecé a tener niños y todos empezamos ya a ir las escuelas. Carmentxu era una maestra que empezó a dar clases a los chiquitines en S. Pedro, vivía en la casa anexa a la de los Quintanas. Empecé a tener familia y estaba muy atareada. Tenías los niños, como otras mujeres e íbamos mucho al monte con los chavalitos. Siempre, cuando tenían fiesta, íbamos a Montellano, andando a todas partes con todos los hijos, Primi,  Elenita, Carmina, Trini, Tere, Emilina, Maritxu, Caroli, Azucena, … Muchas veces hacíamos las meriendas en el txoko, en los cumpleaños. Tuvimos mucha relación; mucho ambiente hubo en aquella época. No había problemas.

La gente no disponía de muchos medios. Salíamos Begoña la veterinaria, Tere la de Víctor, Begoña Arrillaga, Elenita…,  si había que ir a ver espectáculos al Arriaga, estaban siempre dispuestas.  Éramos un grupo muy animado.

En Sopuerta había una Abarrotería que es una tienda donde se vende de todo. Los dueños  eran de la zona de León, creo, de la familia del ciclista Francisco Cepeda. Todo esto eran huertas y en ellas  había una especie de caserío en el que esa gente tenía una tienda. Pero eso es anterior a mí. Luego estuvieron Iñaki Ocerin y también otros.

La ropa de los hijos la comprábamos en una tienda de Bilbao que era bastante chuli, Los Encajeros. Tenían telas y hacían ropas de niños. Era una tienda muy curiosa. Yo he cosido un poquito. En un tiempo bordábamos y hacíamos de todo, pero por temporadas, que te daba por ahí como te daba por el ganchillo. Luego aquí había también unas modistas muy curiosas. Una a la que llamaban La Fraila. Otra que también cosía era Luchi, que murió bastante joven. Nos hacía ropa Luchi y La Fraila. Por cierto, el marido de la fraila cogiendo setas se murió. Se envenenó.

Prácticamente al mismo tiempo que yo vine, Isabelita puso la peluquería

Mujeres que cobrasen un salario estaban Carmentxu la maestra, las dos que cosían, Luisita que tenía también tienda; la madre de Santita tenía también tienda. Vendían bastante. Luego ya, en Mercadillo, Juli tenía también tienda. Vendían también periódicos. La madre de José Jaime fue partera.

Nieves era la taquillera del cine y participó mucho en todo tipo de labores de la iglesia. Desde los quince años vivió en esta casa, trabajando. Vino a servir y murió aquí con ochenta y tantos en el año 2000.

Estuve pintando con Blanqui unos años a acuarela. Nos llevábamos muy bien, era mujer encantadora de la que tengo muy buenos recuerdos. Ahora hago alguna actividad con  la Asociación de mujeres, ganchillo,  excursiones, y voy a nadar para mantenerme bien físicamente. Pero lo que más me gusta es salir y relacionarme con las personas y con los animales.