Balmasedanos muertos en la Guerra Civil

MUERTES EN EL FRENTE

Muchos balmasedanos, la mayoría de izquierdas, murieron en el frente de batalla durante el período comprendido entre el 18 de julio (inicio de la guerra) y el 29 de junio de 1937 (toma de Balmaseda), y las muertes más numerosas se produjeron en el transcurso de dos importantes operaciones militares, la ofensiva vasca en Villarreal, iniciada el 30 de noviembre de 1936, y la ofensiva de las tropas nacionales en el Frente Norte, que comenzó a finales de marzo de 1937.

Horacio Merino

Es el primer balmasedano -del que tenemos noticia- muerto en combate.  Era un muchacho joven que solía acompañar a su padre -Francisco “el de la flecha” muy popular en Balmaseda- en las ferias con un puesto de tiro al blanco. Pertenecía al batallón Meabe y murió en agosto de 1936 en Arrate, de un tiro en la cabeza. Su cuerpo fue trasladado por Jesús Pereda, que resultó también herido en una pierna.

Santiago García

Calderero de La Robla de 24 años, y también del batallón Meabe, desapareció el 18 de octubre en la toma de Escamplero (Asturias). Su cuerpo no fue encontrado.

Antonio Uriarte Salaberrri

Presidente de la Juventud Vasca de Balmaseda, pertenecía al batallón Avellaneda y murió en Campázar, en octubre de 1936, al estallarle en la mano una granada que intentaba lanzar. Asu funeral, celebrado en la parroquia de San Severino, asistió una compañía uniformada del batallón.

En el centro, Antonio Uriarte

En el centro, Antonio Uriarte

Agapito Echave

De 36 años, nacido en Bilbao y avecinado en Balmaseda, fue un destacado líder sindical de ELA-STV voluntario del batallón Gordexola, del que era capitán, murió en Villarreal el 30 de noviembre de 1936 destrozado por un cañonazo.

Agapito Echave y Ángela Martínez

Agapito Echave y Ángela Martínez

Filipiano Díaz

Militante de las Juventudes Unificadas, fue durante las primeras semanas de la guerra carcelero en Balmaseda. La “saca” nocturna de algunos presos y el lamentable estado físico en que volvían -él mismo había sufrido palizas y malos tratos durante la represión por la huelga del 34- le hizo renunciar a su puesto e incorporarse al frente de combate en el batallón Meabe. Murió a primeros de diciembre de 1936 en Ubidea, durante la ofensiva de Villarreal. Su cuerpo fue traído a Balmaseda y velado en la sede socialista.

Mauro Ruíz Calderón

De 30 años, ferroviario de La Robla.

José Marcos Maltrana “Goso

De 18 años, pastelero.

Julián Ibáñez

Lamberto Andino Sauto

Segundo por la derecha, Lamberto Andino

Segundo por la derecha, Lamberto Andino

Los cuatro pertenecientes al batallón Meabe, murieron en diciembre de 1936 durante la ofensiva de Villarreal.

Pedro Orrantia Santiago

De tendencias anarquistas cayó en combate también durante la ofensiva, aunque su cuerpo no apareció.

Francisco Sobrado Orrantia

De 21 años, guardafrenos de La Robla y voluntario en un batallón de Acción Nacionalista Vasca. Se le dio por desaparecido durante la ofensiva de Villarreal, aunque, al parecer, fue hecho prisionero y fusilado posteriormente. También en 1936 debió morir Alfonso Vicandi, ebanista, perteneciente al batallón Octubre.

Nicomedes Azcárraga Camiruaga

Nacido en 1913 en La Herrera aunque vinculado a Balmaseda, era obrero metalúrgico y voluntario del batallón Meabe. Fue herido durante la ofensiva de Villarreal y ascendido a sargento tras recuperarse de sus lesiones. Murió defendiendo una posición, al mando de una sección de ametralladoras, en diciembre de 1936 o en febrero de 1937. Su cuerpo no fue encontrado.

Melchor Avelino Álvarez, “el Churrero

De 30 años, nacido en Bercedo y vecino de Balmaseda, guardafrenos.

Sebastián Seoane Macías

De 38 años, gallego avecinado en Balmaseda, cantero.

Hilario Rivero Ercilla

De 21 años, fogonero de La Robla, pertenecían al batallón Octubre. Los tres murieron en Aramayona, al iniciarse la ofensiva franquista de marzo-abril de 1937.

Milicianos de Balmaseda. De pie, en el centro, Hilario Rivero

Milicianos de Balmaseda.
De pie, en el centro, Hilario Rivero

Melchor, Sebastién e Hilario también pertenecían al batallón Octubre y murieron en Aramayona:

Dimas Gutiérrez Arzuaga

de 20 años.

Vicente Aguinaco Escalante

De 17 años, que se había incorporado sin tener la edad reglamentaria y murió destrozado por un obús.

Juan Egüen Asúa

Soldador de La Robla y del mismo batallón, resultó herido de gravedad falleciendo unos días después en el hospital de Bilbao.

Manuel Arias Renovales

Albañil, de 26 años, nacido en Achondo y vecino de Balmaseda, pertenecía al batallón Avellaneda y murió durante un bombardeo también por la zona de Aramayona. Su cuerpo no fue encontrado.

Milicianos de Balmaseda.  El que sujeta la ikurriña es Arias.

Milicianos de Balmaseda. El que sujeta la ikurriña es Arias.

Vicente Garay Fernández

De 24 años, ebanista pertenecía al batallón México y murió en abril de 1937 en Dima.

Fidel Pereda

También ebanista, de 26 años, murió el 15 de mayo de 1937 en Jata, arriba de Maruri, como consecuencia de los disparos del crucero rebelde “Canarias”.

Eliseo Estrada

De 47 años, nacido en Valladolid, albañil, zapador voluntario en un batallón socialista, murió en mayo de 1937 en la zona de Amurrio.

José María Iraola Urraburu

Nacido en Avellaneda y vecino de Balmaseda, de 19 años, ebanista y movilizado por su quinta, murió el 11 de junio de 1937 en el monte San Pedro de Orduña, por un cañonazo que le destrozó la cabeza.

Jesús González Azpitarte

Por las mismas fechas debió fallecer también, pero en Archanda.

Salvio Larrea Barañano

Ebanista, perteneciente al batallón Muñatones,

Fernando Larrea Barañano

De 26 años, carpintero.  Estos hermanos murieron en abril de 1936 por la zona de Alvestia.

Milicianos de Balmaseda.  Batallón Avellaneda en Güeñes.  El segundo por la derecha es Fernando Larrea, muerto en combate.

Milicianos de Balmaseda. Batallón Avellaneda en Güeñes. El segundo por la derecha es Fernando Larrea, muerto en combate.

Ángel Zorrilla Ranero

De 22 años, perteneciente al batallón Avellaneda, falleció en Archanda en junio de 1937.

Antonio Grande

De 24 años, trabajador de la fábrica de boinas de El Peñueco, perteneciente al batallón Octubre,

Moisés Iturbe San Nicolás

Nacido en 1916, fueron también víctimas de los combates en esta lista de la que quizás falten algunos nombres.

Emilio Salinas

Fue otro de los muertos, aunque fuera del País Vasco.  Tenía estudios de música y tocaba el violín, actividad que desarrollaba en León cuando le sorprendió el inicio de la guerra. De familia de derechas, era falangista, y murió con los nacionales, aunque no se sabe bien cómo, durante los primeros combates de la guerra en Somosierra.

Entre las profesiones de los vecinos balmasedanos muertos en la guerra, abundan los ebanistas-carpinteros. Los demás eran obreros (guardafrenos, fogonero, soldador, calderero), algún trabajador de servicios (pastelero, panadero) y algún parado. Actividades que contrastaban con las de los balmasedanos de derechas detenidos en los primeros meses tras el levantamiento militar (propietarios, comerciantes, empleados, industriales, estudiantes y algunos con profesiones liberales).

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MUERTOS EN LA RETAGUARDIA

No fueron, sin embargo, los anteriores los únicos muertos. Otros balmasedanos fallecieron en la retaguardia, no víctimas de los combates, sino de los enfrentamientos ideológicos, sociales y políticos, víctimas de represalias y malquerencias que no siempre se pudieron controlar.

Pedro de Asúa

Sacerdote, arquitecto y de ideología tradicionalista. Protegido, al parecer, por los nacionalistas balmasedanos en las primeras semanas de la guerra, huyó primero a Sopuerta, luego a Bilbao y finalmente a Erandio, donde fue detenido el 29 de agosto de 1936 por unos desconocidos, y muerto a tiros esa misma noche en la cuneta de una carretera de Liendo (Cantabria).

Pedro Asúa y Mendía

Pedro Asúa y Mendía

Salvador Ródenas

De Acción Popular, detenido en las primeras semanas de la guerra y trasladado al barco prisión “Cabo Quilates” fondeado en el Abra. Muerto el 25 de septiembre de 1936, cuando tras un violento bombardeo de los nacionales, tripulantes de barcos de guerra republicanos y gentes del pueblo asaltaron el “Cabo Quilates” y el “Altuna Mendi” causando más de 50 víctimas.

Faustino Armentia Aguado

Sacerdote coadjutor de Balmaseda, carlista, detenido en las primeras semanas de la guerra y trasladado al “Cabo Quilates”, donde murió en el asalto del 25 de septiembre.

Emilio Cremer Arce, “Bicicletas

Vecino de Balmaseda donde era muy popular, ferroviario y hermano de Vicente Cremer (principal responsable del Frente Popular, en la villa balmasedana). Trasladado a Cistierna por razones de trabajo, el 27 de septiembre de 1936 fue sacado de su casa y no se volvió a saber más de él.

Juan Bautista Rodet Villa

De 26 años, falangista, preso en la cárcel de Larrínaga y muerto en el asalto a dicha prisión como represalia al violento bombardeo de Bilbao el 4 de enero de 1937.

Sotero Rodríguez Rodríguez

Falangista, preso en la cárcel de Larrínaga y muerto en el asalto del 4 de enero.

Basilisa Peña Estrada

viuda, con seis hijos, muerta el 23 de junio de 1937 en el bombardeo de Balmaseda por la aviación nacional.

 

 

LOS FUSILADOS

Con la conquista de Bilbao empezaron a llenarse las cárceles. Los derechistas liberados dejaron su lugar a otros presos nacionalistas y republicanos, mucho más numerosos. Tras la rendición de Santoña y la ocupación de Santander, los militares y civiles detenidos fueron encerrados en la plaza de toros y campos de fútbol, hasta que, a medida que se iban clasificando, unos eran llevados a batallones de trabajadores, otros encerrados en el penal de Santoña, y los demás quedaron en libertad, pero con la obligación de presentarse en sus lugares de origen, donde eran a su vez clasificados a veces detenidos y casi siempre represaliados,

A finales de septiembre comenzaron los Consejos de Guerra en el Dueso, y el 15 de octubre los primeros fusilamientos, muy selectivos y ejemplificadores. Fueron 14 los fusilados, dos nacionalistas, dos cargos nacionalistas del Ejército Vasco, dos miembros de Solidaridad de Trabajadores Vascos, dos republicanos, dos socialistas, dos comunistas y dos anarquistas. A ellos siguió el fusilamiento de otros 60 condenados, el 28 y 29 de octubre, y 5 más a mediados de noviembre.

Posteriormente los condenados a muerte fueron incomunicados y muchos de ellos trasladados a la cárcel de Larrínaga. Los presos de Bilbao se repartían entre esta cárcel, el Carmelo, los Escolapios, la Universidad de Deusto y el barco-prisión “Upomendi”. A finales de 1937 había en la capital bilbaína 12.000 presos, de ellos 3.000 en Larrínaga, donde solían estar los condenados a muerte.

Las muertes se ejecutaban por fusilamiento, en las tapias del cementerio de Derio, o por garrote vil en el patio de Larrínaga. En Bilbao las primeras ejecuciones comenzaron en septiembre, y se suspendieron por Navidad, hasta el 8 de enero de 1938. Hasta finales de 1937, se realizaron 316 ejecuciones, 172 en Santoña, 118 en Derio y 26 a garrote vil. Continuaron las ejecuciones, y el 12 de marzo de 1938 fueron fusilados en Derio 28 personas, entre ellas el balmasedano Manuel Puente. En mayo de 1938 había en Larrínaga mil condenados a muerte, y hasta diciembre de 1938 las ejecuciones superaron los 900. A partir de mediados de ese mismo año empezaron los traslados de presos a otras cárceles. Los condenados a muerte eran llevados a Burgos. Los fusilamientos continuaron en 1939 y 1940.

La vida en las prisiones añadía a las penalidades de los vencidos, los rigores de la masificación, el hambre, la miseria y, sobre todo para los condenados a muerte, la incertidumbre. A veces pasaban meses desde que se imponía la condena hasta que llegaba el implacable “ejecútese”. La tortura de la espera de la muerte o el indulto se convertía en algo cotidiano y a veces difícil de superar, que llevaba a algunos a la locura o el suicidio. La reanudación o la continuidad de los fusilamientos (a veces pasaban semanas sin ejecuciones) convertía esa espera en angustia. Manuel Puente, condenado a muerte, en una carta dirigida a su familia solicitando información sobre su situación, les dice: “Tened presente que aquí no avisan mas que el último día y siempre hay algo que decir”.

Las “sacas” se hacían al caer la tarde, o por la noche. A gritos desde el centro de la prisión, o con las listas en la mano, funcionarios y policías iban recorriendo las salas y celdas buscando a los condenados para llevarles a “la capilla”. Aquella última noche aislados escribían sus cartas de despedida, algunas vibrantes, otras dolorosas, y de madrugada les llevaban a fusilar o agarrotar.

Los familiares se enteraban muchas veces de la muerte cuando iban a visitarles, en las listas que aparecían en las puertas de las prisiones, o cuando les entregaban sus efectos personales al mismo tiempo que les comunicaban la ejecución.

Entre los cientos de fusilados había también varios balmasedanos.

Luciano Fuentes Alonso

Carnet de ferroviario de Luciano Fuente

Carnet de ferroviario de Luciano Fuente

Luciano Fuentes Alonso había nacido en Bañes (Palencia), en el año 1910. Cuando fue fusilado, el 7 de septiembre de 1937, estaba casado en segundas nupcias con Consuelo Bermejillo, y tenía cinco hijos, tres de ellos de su primera esposa. Vivía en la calle La Cuesta, encima de lo que fue el bar de Sauto, aunque antes había vivido en El Cristo. Tenían una fonda, y Luciano trabajaba de guardafrenos.

Luciano era de izquierdas, de tendencia socialista. No había destacado en Balmaseda durante la guerra, aunque intervino, con otros balmasedanos, en lo relacionado con el tren blindado y sus viajes hacia la Peña. Por ahí debió venir la acusación, aunque se sospechaba que las causas fueron otras.

Luciano estuvo a punto de evacuar a Santander, como tantos otros vecinos de Balmaseda, en vísperas de la entrada de los franquistas. Incluso ya había envuelto el colchón, pero a última hora pensó que no le ocurriría nada y prefirió quedarse. Pocos días después de la toma de Balmaseda fueron a buscarle varios vecinos del pueblo, de derechas. Estuvo en la cárcel balmasedana unos días. Después le trasladaron a la de Larrínaga. Llevaron con él, también detenido, a un carcelero. Iban a Bilbao a verle, un día a la semana la mujer del carcelero y otro día la familia de Luciano.

Fue juzgado y condenado a muerte. Su familia hizo todo lo posible por salvarle. Cuando escribía Luciano les insistía para que hablasen con el párroco, Vicente Iturbe. “Nos decía que sí, que sí, pero al parecer, no hizo nada”.

Un día que fue la familia del carcelero le entregaron la ropa y le devolvieron algunos efectos personales. Les habían fusilado a las dos. Parece ser que unos días después del fusilamiento vino el indulto, por ser padre de cinco hijos.

Manuel Puente Ruibal

Abajo a la derecha, Manolín Puente

Abajo a la derecha, Manolín Puente

Manuel Puente Ruibal “Manolín” es una de las personas más carismáticas de las que, de una u otra manera, tuvieron relación con aquellos tristes acontecimientos que, motivados por la Guerra Civil, sucedieron en Balmaseda.  Había nacido en Balmaseda el 8 de diciembre de 1908. Era el tercereo de seis hermanos, Sixto, Felipa, Toni, Alejandro y Maruja. Trabajaba de pinche en un taller del Nocedal, hasta que se estableció por su cuenta, en un taller de la calle Correría, con sus hermanos Alejandro y Toni.

Fue un balmasedano arraigado en su pueblo. Perteneció a una de las bandas de música que en aquellos tiempos hubo en la Villa, y jugaba también en uno de los equipos de fútbol local, “El Trece”, en el que también jugaban otros conocidos balmasedanos como “Txirripla” y “Machaco”.

Había sido, igualmente, destacado líder político del socialismo y de la izquierda. Miembro de la Junta de Defensa formada en Balmaseda al inicio del levantamiento militar, además de intendente del Batallón Octubre que los socialistas formaron en la localidad. Fue fusilado el 12 de marzo de 1938 en las tapias del cementerio de Derio, y su cuerpo arrojado a una fosa común.

Manolín PuenteDe hablar pausado, incluso tímido, tenía la costumbre de juntarse con sus amigos en el café de Vicente Cueto “Cuetillo”, en la calle Correría. De su carácter dan prueba hechos como el arreglo que hizo con los chicos del taller, durante varios domingos, de las goteras de la iglesia de Orrantia, o el día que el Juzgado desahució a una vecina y le sacaron los muebles a la calle, volviéndolos a subir cuando se marcharon.

En agosto de 1935, como consecuencia de los sucesos acaecidos en la huelga general de octubre del año anterior, fue detenido y encarcelado. Permaneció en la cárcel de Balmaseda, hasta que fue trasladado a la de Larrínaga, en Bilbao. De allí fue liberado tras el triunfo del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936.

Iniciada la sublevación militar formó parte de la Junta Local de Defensa y contribuyó a la formación del Batallón Octubre, del que era su Comandante Intendente.

Intervino en diversas ocasiones para evitar persecuciones o detenciones de algunos vecinos, así como la protección especial, durante los meses de la guerra que permaneció en Balmaseda, que dispensó a las monjas de Santa Clara.

Incorporado al frente el Batallón Octubre, siguió sus vicisitudes. Según nos dice Juan Sáez Onaniel “Pikizu”, cuando bombardearon Guernica, estaba con él en Axpe Marzana. Tras la caída de Bilbao y la retirada, Manolín Puente -junto a otros balmasedanos- estuvo en Castro Urdiales, y después en Montes Claros.

Como muchos otros, y tras la ocupación de la provincia de Santander, Manolín fue detenido. Aunque tuvo ocasión de pasar a Asturias en barco, o marchar a Francia, prefirió seguir la suerte de los suyos.

Todos los que iban cayendo prisioneros los llevaban o los mandaban a la Plaza de Toros. Unos días después fue enviado a Santoña, y a primeros de septiembre trasladado a Balmaseda. Fueron a detenerle José Antonio Bezares y algunos más. En la cárcel de Balmaseda fue golpeado y torturado por un conocido balmasedano. Le rompieron la mandíbula. Con la cara vendada y hecho un guiñapo, fue llevado a Bilbao, atado junto Ángel Asensio “el Chicoriero”. Allí fue ingresado en el Carmelo, de donde le sacaron para juzgarle, y después le llevaron a Larrínaga. En el Carmelo coincidió con un médico apellidado Arróspide, quien, como pudo, y con las limitaciones de la prisión, le curó la mandíbula. Aunque Manolín en una de sus cartas recuerda a otro medico apellidado Arana, que seguramente también le atendió.

Fue juzgado el 3 de diciembre de 1937, junto a Raimundo Alegría Martínez y Abelardo Ruiz Pérez, y condenado a pena de muerte por “un delito de adhesión a la rebelión militar”. Esta “rebelión militar”, según el primer resultado de la sentencia, era en la que habían incurrido los republicanos leales, y que “el 18 de julio el Gobierno de Madrid se declaró en franca rebeldía, intentando subvertir el orden social establecido, apoyándose para ello en elementos extranjeros enemigos de nuestra Patria y en los elementos que integraban el llamado frente popular dando lugar que al oponerse al Ejército y a las Milicias Nacionales se originara una guerra que ha causado y causa grandes males a la nación”. En la misma sentencia se consideraban como agravantes, referidas a Manuel Puente y Raimundo Alegría, “las circunstancias de gran peligrosidad en los referidos sujetos y gran trascendencia de los hechos cometidos que a más de ser adhesión ferviente al movimiento rebelde, costó la vida a numerosas personas inocentes, sacrificadas por el sólo hecho de comulgar en el mismo ideal que la España Nacional, que sirvieron para sembrar el terror en el pueblo de Valmaseda, dominándolo de este modo y sujetándolo a la tiranía rojo-separatista”. A Raimundo Alegría, condenado también a muerte, se le conmutó la pena, y a  Abelardo Ruiz se le impuso una pena de treinta años.

Sus últimas cartas, escritas probablemente en el último momento, cuando su fusilamiento era inminente, iban dirigidas a sus amigos, a sus primos, a sus hermanos y a su madre. En la dirigida a sus hermanos acusaba de su muerte a varios vecinos balmasedanos de los que daba sus nombres.

Del fusilamiento, ocurrido el 12 de marzo de 1938, tres meses después de su condena, tenemos algunas noticias de carácter trágico, protagonizadas por una mujer que cuando iba a ser fusilada junto a Manolín y otros más corrió entre tumbas negándose a colocarse frente al pelotón y matándola cuando estaba arrodillada.

Hubo intentos de llevar el cadáver de Manolo Puente a Balmaseda. Al parecer se pretendía hacer un panteón familiar, a nombre de algunas personas concretas, donde descansasen los restos de los fusilados balmasedanos. Estos proyectos por diversas causas no pudieron llevarse a cabo.

José Cordeiro Gómez

Agachado a la derecha, Pepe Cordeiro

Agachado a la derecha, Pepe Cordeiro

José Cordeiro Gómez había nacido en Orense capital, el 28 de junio de 1912, auque con siete años había venido junto a su familia a Balmaseda. A su padre que trabajaba en La Robla, le mató el tren, dejando hijos pequeños a la mujer, modista, embarazada. Había estudiado en el Colegio de los Maristas, era tornero y trabajaba en La Robla desde los 14 años. Aunque sus amigos eran casi todos de derechas sus ideas izquierdistas eran claras.

Intervino en los sucesos acaecidos en Balmaseda con motivo de la Huelga General de octubre de 1934. Fue detenido por la guardia civil cuando en compañía de otros compañeros (Avellaneda, Canteli…) intentaba paralizar los trenes, y liberados por la presión popular, ya que se formó una manifestación que fue a las puertas de la cárcel. Por la tarde hubo otra manifestación disuelta violentamente por “los pichis” (la Guardia de Asalto Republicana), y fueron detenidos de nuevo. Como consecuencia de esta detención le echaron de La Robla.

José Cordeiro y Juan Avellaneda salieron antes. Los demás detenidos por los sucesos de aquellos días fueron puestos en libertad tras la amnistía promulgada en febrero de 1936 al ganar las elecciones el Frente Popular. Los liberados fueron recibidos en Balmaseda con una gran manifestación, con banda de música, en la que José Cordeiro -que era un líder- dirigió la palabra a los asistentes.

Durante la guerra, según su hermano Luis, influyó positivamente en favor de Vicente Iturbe, el párroco, y algún otro vecino de derechas. Perteneció al Batallón Meabe, del que debía de ser comisario político y encargado de propaganda. Tras la retirada del Ejército Vasco, estuvo en Santander con su batallón. Sin embargo, una vez ocupada la capital, no fue detenido allí.

Volvieron por su cuenta, “en un tren entero” -según recuerda su hermano- varios familiares y muchos vecinos más de Balmaseda. En Aranguren estaba un coche esperando y le llevaron detenido a Balmaseda. Aquella misma noche fue detenido también Luis. En la cárcel balmasedana fueron maltratados, golpeados con una verga y obligados a tomar aceite de ricino.

De allí pasó a El Carmelo. De su periodo de cárcel, en un par de cartas hace mención a algunos aspectos familiares y otros carcelarios. Son de febrero y marzo de 1938. Según recuerda su hermano,  “las visitas eran muy cortas y nos echaban enseguida”. Fue condenado a muerte. Unos días antes de su fusilamiento fueron a visitarle. Estaba muy esperanzado, ya que, según decía, “el peligro ha desaparecido, pues se han dado cuenta de que no he hecho daño a nadie”.

Al parecer fue fusilado, junto a “Chicoriero”, el 26 de agosto de 1938. La noticia del fusilamiento se la dio a la familia Pedro Muro, del Ayuntamiento. “Que mi hermano venía en la lista…”.

El párroco Vicente Iturbe trajo su última carta, junto a algunos efectos personales. En ella se despedía de todos. Pedía que no tuvieran rencor a nadie, que jamás le movieran el cuerpo. También decía que moría con todo el amor del mundo y que jamás había hecho daño a nadie.

Ángel Asensio Gómez “Chicoriero”

No son muchos los datos que hemos averiguado sobre Ángel Asensio “el Chicoriero”. La familia debía proceder de Bilbao y eran, al parecer, de carácter humilde y de izquierdas. Vivían en la calle Correría, por donde las de Martín. Hacían achicoria en un horno de La Brena, cerca del caserío de Juana, y de ahí el apodo.

Ángel, que era ebanista, se casó con una chica de Arcentales, criada de D. Fabián, que también debió servir en Balmaseda en la casa de Pedro Asúa. Tenían una hija.

Durante la guerra se enroló en el Batallón Octubre, del que llegó a ser sargento, fue detenido tras la ocupación de Santander por los franquistas.

Fue traído a Balmaseda, al igual que otros balmasedanos que se encontraban en Santander, y llevado a la cárcel. Unos días después fue trasladado a Bilbao, atado junto a Manolín Puente, e ingresado en El Carmelo.

Debió ser fusilado junto a José Cordeiro, el 26 de agosto de 1938.

Julián Eguidazu Chinchurreta

Aunque era de Portugalete, estaba casado con una vecina balmasedana. Pertenecía a Acción Nacionalistas Vasca, y debía de ser oficial de alguno de sus batallones. Parece ser que se entregó en Balmaseda, y fue conducido a Burgos. Aunque no se sabe bien, según su familia fue fusilado, pero se desconoce en qué circunstancias ni dónde, y su cuerpo no apreció. Tenía entonces 29 años y llevaba dos años casado.

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OTRAS MUERTES

No fueron, sin embargo, las únicas muertes. Otros vecinos perdieron la vida tras la ocupación de Balmaseda, en los frentes de batalla o en la retaguardia, como consecuencia directa de la guerra.

Ramón Ruiz Calderón

Soltero, de 21 años, y hermano de Mauro, también muerto en combate, había estado en un batallón nacionalista, movilizado por las quintas. Le cogieron en El Gallo, durante la ofensiva de los nacionales sobre Vizcaya, junto a “Chuti” y un tal Dapena. Después de su clasificación, pasó a formar parte de un Batallón de Trabajadores en Palma del Río (Córdoba). Se dedicaba a hacer fortificaciones y era cabo furriel. Estaba también en ese batallón Bidarte el maquinista y otro vecino de Balmaseda, Abelardo. Resultó herido gravemente por un obús de mortero. Fue a buscarle su hermano, pero no pudieron traerle a casa porque estaba muy grave. Murió quince días después en el hospital donde estaba ingresado, como consecuencia de estas heridas.

Antonio Cesteros Lebrero

Nacido en 1907, fue Secretario General de las Juventudes Socialistas de Balmaseda. En unas listas de revisión de reemplazos elaboradas por el Ayuntamiento de Balmaseda en octubre de 1938 se indica que “según referencia murió con los rojos”.

Vicente Pérez de la Fuente

Nació en 1914. Según la lista de revisión mencionada, pertenecía al Tercio de África cuando murió en el Sector de la Ciudad Universitaria de Madrid.

Felipe Llaguno Gutiérrez

Nacido en 1916. En las listas de quintas del Ayuntamiento de Julio de 1937 se señala que reside en Ponferrada, y en las de 1938 que fue “muerto por los rojos”.

Juan José Setién Novales

Nacido en 1910, en 1938 estaba combatiendo con los nacionales en el Batallón de Montaña Sicilia nº 8. Murió en el Hospital Militar de Santiago el 11 de febrero de ese mismo año, según comunicación a sus familiares enviada a través del Ayuntamiento de Balmaseda.

Andrés Estalayo Berjón

Trabajaba, por necesidad, como camarero. Movilizado por quintas, estuvo combatiendo con el Ejército Vasco, en el Cinturón de Hierro. De allí pasó a Santander en retirada, y prisionero tras la rendición de Santoña, fue enviado a un Batallón de Trabajadores. Allí le dieron la oportunidad de pasar a la Legión y combatir con los nacionales. Intervino en los combates del Ebro, en los que resultó herido, muriendo en el tren que le evacuaba a un pueblo de Zaragoza. Según nos cuenta su familia, su última carta la escribió el 5 de agosto de 1938, a las puertas de Tortosa, y sus restos reposan en el Valle de los Caídos.

Nicasio Santamaría Llaguno

Había nacido en El Peso /Arcentales), aunque desde hacía muchos años era vecino de Balmaseda, a dónde vino de joven junto a tres hermanos para trabajar de criado en alguno de los caseríos fuertes que entonces existían en la villa balmasedana,  Vivía con su familia en el caserío La Cubera, aunque anteriormente lo hizo en Soparedes.

En aquel mes de junio, el frente estaba estabilizado y, al parecer, algunos chavales cortaron unos cables de comunicación de los militares.  Fueron detenidos y en su declaración culparon a Nicasio, aunque nada tuvo que ver con los hechos.  Lo detuvieron cuando estaba comiendo en su casa y no se le volvió a ver vivo.

Un hijo suyo encontró su cadáver en “Fuente El Escacho”, subiendo más arriba de “Trapaguilla”.  Apareció en septiembre, cuando se marcharon los nacionales tras la ofensiva de Santander, pues antes no pudieron buscarle por donde sospechaban que puediera encontrarse.  Nicasio tenía 60 años cuando murió.

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LOS MUERTOS CIVILES

Como ya hemos indicado, también hubo otras muertes violentas en la retaguardia, de personas civiles, consecuencia directa –o indirecta- de la guerra. Además de los muertos en el bombardeo del 27 de julio, en este mismo mes las tropas nacionales mataron a tiros a un vecino balmasedano.

Otras muertes violentas

Las otras muertes violentas ocurrieron el 27 de julio, cuando varios batallones vascos, con apoyo artillero y de la aviación, iniciaron el ataque a la ermita de Colisa. La aviación republicana bombardeó la carretera de Pandozales, y una de las bombas cayó cerca de la casa de los Vela, causando la muerte de las seis personas que allí estaban. Según nos contaba un vecino que estaba ese día trabajando con su padre en la finca Valverde, roturando, desbrozando y haciendo paredes, al bajar a Balmaseda se inició el ataque a la ermita. En Peña Cardeli, nos contaba, había una batería de cuatro cañones que cuando llegaba la aviación dejaba de disparar. Cerca de ellos cayeron dos bombas. Camino de Balmaseda, vieron que la carretera de Pandozales había sido bombardeada.

En el lugar de las casas parroquiales vieron una higuera sin ninguna hoja a la entrada de la casa de los Vela. Pasaron por la puerta, llegaron al regato, y pudieron ver que en un montón estaban todos, abrazados y destrozados. Una chica, de unos diez años, estaba viva todavía. Se juntaron varios vecinos. Al rato entraron 3 o 4 soldados y les apuntaron obligándoles a recoger los cadáveres, uno de ellos el de la niña, que fue llevada al hospital, aunque falleció también. Los muertos fueron  las hermanas Consuelo y Patrocinio Ormazábal Hoyos (de 50 y 40 años respectivamente), los hijos de la primera, Consuelo, José Mª y Carmela Vela Ormazábal (de 14, 13, y 11 años), y María Ortiz de Zárate Ormazabal (de 10 años), hija de Patrocinio. Todos ellos fallecidos “a las ocho de la tarde del día de hoy en el Barrio de las Peñas, de la calle Virgen de Gracia, a consecuencia del bombardeo de la aviación roja”.

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Texto:  Txomin Etxebarria Mirones

Libro:  Balmaseda, desde la Guerra Civil hasta 1970

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3 Respuestas a “Balmasedanos muertos en la Guerra Civil

    • Como has podido leer más arriba en el apartado de “Muertos en la retaguardia”, tanto Juan Bautista Rodet Villa como Sotero Rodríguez Rodríguez eran dos personas de derechas (falangistas) encarceladas en Larrínaga y que murieron en el asalto a la cárcel como represalia por el violento bombardeo de Bilbao el 4 de enero de 1937.
      Con anterioridad, el 25 de septiembre de 1936, también murieron por el mismo motivo Salvador Ródenas y el sacerdote Faustino Armentia en el barco-prisión “Cabo Quilates”, fondeado en el Abra .
      Esperamos que esta información os haya sido de utilidad.

      • Muchas gracias por la respuesta. Y aprovecho para felicitaros por la labor de recuperación que hacéis.
        Los datos de la muerte los tenía. Buscaba datos de la vida de ambos, por si algún familiar lo leía.
        Un saludo

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