La batalla de Colisa (La Nevera)

LA BATALLA

En el verano de 1937, durante la Guerra Civil, se dieron duros enfrentamientos en el Colisa y alrededores. Las tropas franquistas, tras tomar Balmaseda el 29 de junio, habían detenido su ofensiva, estabilizándose el frente y ocupando la línea Bortedo-Sabugal-Colisa-La Garbea-Beci-Alen, dejando Las Encartaciones divididas por la mitad.

Mapa-Colisa

Reorganizado el Ejército Vasco en Santander, los mandos militares republicanos del Ejército del Norte organizaron una contraofensiva, con apoyo artillero y de la aviación. En la Batalla de Colisa intervino la II División Vasca. Según el resultado previsto, se debía tomar la ermita, La Garbea, Sabugal y descender a Balmaseda, recuperando la Villa. La Brigada XII, formada por los batallones Celta, Durruti (ambos anarquistas) y Avellaneda (nacionalista), tras agruparse en Pando (Carranza) tomaron posiciones en La Nevera, Terreros y Cabañas de Rivacoba. La VI Brigada, formada por un batallón socialista (agrupación de otros tres) y los batallones Rosa Luxemburgo y Amuategui, tomaron, posiciones en Pico Uncilla, La Altura y Mollinedo. Finalmente, la tercera brigada de la II División, la Brigada XI, formada por los batallones Meabe 2, Sukarrieta e Ibaizábal, quedó en reserva en Villaverde de Trucíos.

Los combates se iniciaron en la tarde del 27 de julio, con un débil bombardeo de la aviación republicana y ametrallamiento de la ermita. Tras una posterior preparación antiaérea y de morteros, se lanzaron al ataque los batallones Celta desde La Nevera y Durruti desde Terreros, dirigiéndose hacia la ermita por ambos flancos. Los nacionales respondieron con armas pesadas desde la ermita y el Sabugal, y con fuego artillero desde Cerecillo, Herbosa y una batería situada en la carretera de Antuñano. El Batallón Avellaneda acudió en ayuda del Celta, mientras se empezaron a evacuar los primeros heridos y la aviación republicana intentaba bombardear los cañones enemigos e impedir la llegada de refuerzos que subían desde Balmaseda. El Batallón Celta llegó hasta las alambradas, y el Durruti hasta las posiciones del Campo de los Tueros, sin embargo no se lograron los objetivos iniciales previstos y se tuvieron que retirar a sus posiciones al amanecer.

El día 28 se ordenó a los batallones de la XII Brigada la reanudación de los ataques, negándose el Batallón Avellaneda por el desgaste causado y por la falta de apoyo aéreo y artillero. La operación se suspendió hasta el día 29, y esta vez es el Batallón Durruti el que se niega a ocupar su puesto. Obligados a combatir, toman posiciones los tres batallones y se inicia la segunda ofensiva contra las líneas franquistas de la ermita. Tras infructuosos ataques, deficientemente apoyados por la aviación y la artillería republicana, que disparaban a veces contra las propias tropas, y ante los refuerzos recibidos y los ataques más efectivos de la aviación nacional, al anochecer se retiró definitivamente la Brigada al carranzano barrio de Pando.

En la Batalla de Colisa resultaron muertos más de doscientos gudaris, y muchos más los heridos, que fueron evacuados a Carranza, al hospital de sangre instalado en el Balneario de El Molinar, aunque los partes de guerra de los nacionales exageraban estas cifras.

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LA ERMITA DE SAN ROQUE

Como consecuencia de estos combates también quedó la ermita en ruinas. La mayor parte del edificio, el tejado y parte de los muros quedaron derrumbados, aunque las piedras de la bóveda correspondiente al ábside, en la parte más antigua de la ermita, se encontraron en el suelo. Además se conservaron dos ménsulas, y el resto de la crucería, que se encontraba entre los escombros.

Sus dimensiones eran entonces de aproximadamente once metros de ancho por treinta tres de largo, una sola nave de bóveda de cañón, con tres series de contrafuertes (muy necesarios en la fachada noroeste, situada sobre el vacío) que también se mantuvieron. Contigua a la ermita, en su parte sur, tenía adosado un edificio que antaño debió tener diversas utilidades (habitación, hospedería, cuadra…). Se comunicaba con la ermita a través de una puerta apuntada, en perfecto estado a pesar de los bombardeos, al igual que la puerta principal de estilo románico.

Con los donativos de los balmasedanos, la ayuda de organismos institucionales y la aportación de algunos ayuntamientos de Las Encartaciones (Arcentales. Gordejuela. Portugalete, Sestao, Sopuerta, Trucíos, Zalla y Balmaseda), se reconstruyó la ermita entre los años 1947 y 1948. Durante las obras no se movió el arco de medio punto del acceso principal por si posteriormente no se pudiese reconstruir. Se hizo una nueva pared, sin cemento, y en uno de los contrafuertes se levantó una espadaña.

La inauguración de las obras se realizó el 11 de septiembre de 1949. Se subieron de la parroquia las imágenes restauradas de San Sebastián y San Roque -la de San Fabián había desaparecido- hasta Pandozales a hombros. Luego surgió la polémica pues mientras algunos pretendieron subirlas desde allí en burros, se opusieron los vecinos del barrio, que estaban dispuestos a hacerlo a hombros, cosa que así se hizo finalmente. Subieron por el cortafuegos para no tener que pasar por la Nevera  (que pertenecía a Burgos), y al llegar a la Campa del Cinto, a mitad del repecho, se efectuó la bendición de los campos. A continuación se celebró una solemne misa, con la ermita llena de fieles, oficiada por el entonces párroco balmasedano Vicente Iturbe.

GALERÍA FOTOGRÁFICA

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