Balmaseda 1954. Crónica de una tragedia

17 de agosto de 1954
Caída de la plaza de toros de Balmaseda

La plaza de toros

El 17 de agosto de 1954 se cayó la plaza de toros que había sido instalada el sábado anterior, para la celebración de los festejos taurinos de aquellas fiestas. Fue una tarde dolorosa, hechos que recuerdan muchos vecinos por haberlo vivido como testigos accidentados.
La plaza de toros era propiedad de los hermanos Arias, vecinos de Oquendo. Agustín Tejedor “Ojos Negros”, había sido algún tiempo propietario de la plaza siniestrada, construida en madera de pino, que había sido adquirida en Sopuerta en el año 1951. Posteriormente, en Balmaseda, la había comprado Aurelio Garay por 17.000 pesetas, dando tres novilladas durante los días 15,16 y 17 de agosto de 1951, registrándose en la del día 15, como solía ser habitual, un lleno completo. En 1953, la plaza pasó a ser propiedad de “Atxita”, de Eibar, que pagó por ella 19.000 pesetas. Poco después, enfermó su propietario y la plaza desmontable fue adquirida en 12.000 pesetas por el que, hasta el martes 17 de agosto de 1954, fue su propietario, José Arias, siendo Julio Martínez Torres una especie de ayudante, aunque en un primer momento se pensaba que eran ambos copropietarios.
A finales de julio de 1954 José Arias solicitó al entonces alcalde balmasedano, Anastasio Agustino, el oportuno permiso para la celebración de 4 novilladas durante las fiestas de aquel año. Concedida la autorización, tras presentar las certificaciones oportunas, se trajeron reses de Villagoyo y de Molero para los espectáculos. Los animales, ocho en total, fueron adquiridos personalmente por María Pena, esposa del propietario y taquillera el día de la tragedia.
La empresa contaba con las autorizaciones necesarias para instalar la plaza desmontable en el campo del frontón. Ya se había instalado con anterioridad, ese mismo año, y se habían dado festejos en Lemona y Amorebieta. Contaba pues con el Certificado de Plaza, con el visto bueno del Colegio de Aparejadores y el Certificado de la Junta de Sanidad aceptando los servicios médicos de urgencia previstos y acreditando estar cumplidos los requisitos exigidos por el Montepío de Toreros. Igualmente se tenía el Certificado de los Servicios Provinciales de Veterinaria sobre seguridad en los corrales y los permisos oportunos del Sindicato Provincial del Espectáculo.
Posteriormente se comprobó, según informe de los peritos, que la plaza no reunía las condiciones requeridas para la celebración de un espectáculo de este tipo. Carecía de puntales y las maderas de sostén solo profundizaban en el suelo, reblandecido por la lluvia, 45 o 50 centímetros. Su aforo máximo era de 2.200 personas. En el momento de producirse el derrumbe se calcula que estarían acomodados en la plaza tres cuartas partes de sus localidades. La construcción de la plaza no había sido previamente inspeccionada, y el montaje era deficiente, ya que no hubo persona que lo dirigiera técnicamente.

Las fiestas de agosto del año 1954.

Las fiestas de agosto, denominadas erróneamente “patronales”, comenzaban el día 14, con el desencajonamiento de los novillos y becerros, un festejo muy popular. A las 9:30 de la noche, se lanzaban los cohetes anunciando las fiestas y seguidamente, la Banda de Música Municipal acudía a la estación para recibir a los diestros que participaban en las lidias, dando un pasacalles y la verbena en la plaza de San Severino.

Programa de oficial de fiestas “patronales” de 1954

El día de Nuestra Señora comenzaba con la “Diana” a cargo de la Banda de Música y chistularis, continuando con una afamada carrera ciclista, con importantes premios. Constituía un acontecimiento la llegada de la Banda del Rgto. de Infantería de San Marcíal, de Burgos, con pasacalles y concierto. Por la tarde, a las 5:15, una novillada en la que el diestro Germán Martín, lidiaba dos novillos de la ganadería de Ignacio Encinas, de El Espinar (Palencia) y otro novillo era para el bilbaino Victor Alonso. También hubo partidos de pelota a mano en el Frontón Municipal y la verbena a cargo de la Banda de San Marcial, la Banda Municipal, chistularis y orquestinas. Tanto en el día de Nuestra Señora como el día de San Roque, hubo veladas de boxeo en el Frontón.
El día de San Roque comenzaba con la tradicional “Diana”. En la ermita de San Roque se celebraba una Misa, invitando al vecindario a acudir. No podía faltar el concierto en el Campo del Frontón y la novillada, esta vez para Joselito de la Cruz y Germán Martín, que repetía. En el Frontón Municipal, otro partido de pelota, para dar comienzo a la verbena y velada de boxeo.
El día 17, San Roquillo, comenzó con una prueba motorista de obstáculos y habilidad (trial), en la que participó Antón Abásolo. A las doce y media del mediodía el concierto fue en el Campo de las Monjas, a cargo de la Banda Municipal, celebrando un concurso de “aurreskularis”. Por la tarde, estaba anunciada la becerrada para la “Troupe Cómica Bilbaina”. A partír de la caida de la plaza de toros se suspendieron las fiestas, estando anunciado continuar con un partido de pelota entre Larrea, de Balmaseda y Zabala, de Arceniega. Por la noche, la verbena y los “fuegos artificiales” para finalizar con “la traca”.
El día 18, estaba anunciada la becerrada local, para dos cuadrillas de Balmaseda, que tampoco se celebró.

La “Troupe Cómica Bilbaína”

Se habían dado ya dos novilladas los dos días anteriores, 15 y 16 de agosto. Para el tercer día festivo estaba prevista, a las cinco y cuarto de la tarde, una “alegre becerrada en la que se lidiarán y serán muertos a estoque dos becerros”. La actuación corría a cargo del espectáculo conocido popularmente como “charlotada”, protagonizada por la “Troupe Cómica Bilbaína”, y los lidiadores serían “Bombita Torero”, Manuel Gil “El Aldeano”, “El Chispa” y “Chatillo de Manzanilla” padre, todos ellos de la mencionada compañía.
Los espectadores se iban acomodando en sus localidades desde bastante tiempo antes de la hora fijada para el comienzo del espectáculo, sin el menor desorden, aunque con bastante aglomeración en algunos lugares. Faltaban por entrar bastantes espectadores, por lo que el comienzo del espectáculo se había retrasado, originando algunas leves protestas.

Caída de la plaza

1954- 01

Pasaban las seis de la tarde, y las cuadrillas estaban ya preparadas para dar el paseíllo, cuando en la meseta del toril se inició el desplome de la plaza. Se oyó el clamor, como si fuese a iniciarse el espectáculo, se pusieron en pie gran parte de los espectadores, mientras la plaza fue rotando hasta derrumbarse totalmente. Todo fue muy rápido, apenas les dio tiempo a algunos espectadores de las localidades más bajas para saltar al ruedo. El estruendo de la caída se oyó en todo el pueblo. En el momento de la caída había unos 1.700 espectadores, aunque al no existir acomodadores la plaza daba impresión de estar abarrotada. Los heridos de más gravedad fueron los que todavía no habían ocupado sus localidades, y los situados en los lugares bajos de la plaza. Por el contrario, los que se hallaban en las gradas superiores sufrieron menos heridas.

Plaza de toros caida 1954

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Auxilio de los heridos

Primera página del diario "La Gaceta del Norte" del día 18 de agosto

Primera página del diario “La Gaceta del Norte” del día 18 de agosto

Inmediatamente después del desplome de la plaza, los que se encontraban en los alrededores y los que resultaron ilesos o con heridas leves se prestaron a ayudar a los que se encontraban atrapados entre tablas y maderos. Posteriormente se acercaron numerosos vecinos al frontón, tanto a prestar ayuda como buscando a sus familiares.
En unos minutos fueron sacados todos los heridos de entre los restos de la plaza. Su número fue superior a 500, de los que más de 50 fueron trasladados a Bilbao y la mayoría de ellos intervenidos quirúrgicamente en el hospital de Basurto. Comunicado el suceso rápidamente a Bilbao, se personaron urgentemente el Gobernador Civil, miembros de la jefatura Superior de Policía, el Jefe Provincial de Sanidad, el Jefe de Epidemiología y el Juez de Instrucción, Guerra San Martín.
A medida que iban siendo extraídos los heridos de entre las maderas y depositados en los alrededores, los de más gravedad fueron trasladados al hospital (llamado entonces “del Generalísimo”) principalmente, en cuantos coches particulares se ofrecieron para tan humanitaria labor y más tarde, cuando fueron llegando, en ambulancias. Los heridos de menor consideración, y los que habían sufrido únicamente contusiones, fueron atendidos en la enfermería de la plaza y en casa de los médicos de Balmaseda, doctores Bustamante y Andonegui (padre e hijo), y también en los propios domicilios de los afectados. Las friegas de alcohol de romero se prodigaron aquella noche en la villa balmasedana.

 

En el hospital

Cuentan las crónicas de la época que los primeros heridos llegaron a Bilbao a las seis y treinta y cinco de la tarde, y casi a la misma hora salían de Bilbao varias ambulancias del Ayuntamiento y del Instituto Provincial de Higiene, además de numerosos coches de particulares (pues en aquella época no abundaban los transportes sanitarios) con el fin de trasladar a los numerosos heridos. Las intervenciones de los ingresados se sucedieron hasta las doce de la noche, participando un equipo de 15 médicos, además de numerosos enfermeros y personal auxiliar.
Hacia las siete y media de la tarde se congregó un gran número de personas en los alrededores del hospital buscando información de sus familiares heridos. Hasta las once de la noche no fue posible confeccionar y dar a conocer una lista detallada de accidentados, ya que, aunque en menor cantidad, a esa hora aún continuaban llegando heridos de Balmaseda.
A las nueve y cuarto de la noche salió de Bilbao un coche de socorro con cuatro médicos y material sanitario adecuado para atender a los numerosos heridos que habían quedado en Balmaseda. Además se mantuvo un contacto telefónico ininterrumpido con la capital con objeto de enviar a la villa los auxilios necesarios.
Los heridos asistidos en el Hospital de Basurto
Relación de los atendidos e ingresados, con los distintos pronósticos: muy grave, grave, reservado y leve.

PRONÓSTICO MUY GRAVE
Félix Valle García, 48 años, fractura de pierna y fractura de hígado.

PRONÓSTICO GRAVE
Rosario Aja Gutiérrez, 23 años, fractura abierta de pie.
Gabriel Cerruela, 27 años, fractura de fémur izquierdo.
Alberto Goffard Rodrigo, 55 años, fractura de pelvis.
Tomás Goicoechea Francisco, 18 años, contusión, hematoma en pie derecho.
Gregorio Izaguirre Aguirre, 20 años, hematoma frontal y contusión en muslo.
Francisco Laserna Rivera, 51 años, fractura de costilla , contusión en pierna.
Laureano Maza García, 44 años, fractura de costillas y contusión.
María Méndez Izaguirre, 22 años, fractura de columna vertebral.
Ana Novales Cirión, 54 años, fractura de costillas.
Antonio Otero Martínez, 45 años, fractura de fémur.
Blanca Puente Urrutia, 28 años, fractura en el muslo izquierdo.
Carmen Santibáñez Rozas, 57 años, fractura de costilla y contusiones.
Avelino Tellechea, 21 años, herida en pie izquierdo y fractura de costillas.
Antonio Vela Laserna, 20 años, fractura de ilíaco y contusiones.

PRONÓSTICO RESERVADO
Andrés Aja Fernández, 58 años, contusión de hombro.
Manuel Aspe López, 19 años, fuerte contusión en pelvis.
Mª Begoña Barrera Robles, 20 años, fractura en maléolo del pie.
Rosario Betanzos Zabala, 54 años, contusión renal.
Begoña Expósito Ramos, Fractura costal.
Jaime Fernández Gutiérrez, 58 años, contusión en la rodilla.
Luis Ibáñez Orrantia, 46 años, fractura de metatarsiano.
Begoña Ibargüen Llaguno, 29 años, herida contusa en la cabeza.
Ramón Lazcano Romero, 40 años, contusión vertebral.
Regina Marín Álvarez, 21 años, contusión torácica y de hombro.
Dolores Martínez, 50 años, herida contusa en pierna derecha.
Mariano Ortiz de Vallejuelo, fractura de pierna derecha.
Santiago Ortiz de Vallejuelo 28 años, contusión en pierna y pie derecho.
Josefina Pascual Fuentes, 32 años, contusiones generalizadas.
Julia Ruibal Unzueta, 39 años, contusión lumbar.
Rosa Santiago Echeandía, 64 años, contusión en hombro.
Félix Saráchaga Urquijo, 44 años, fractura en pierna izquierda.
Obdulia Saracho Trasviñas, 40 años, esguince del pie derecho.
Mª Teresa Urrutia Rodríguez, contusión en tórax.
José Vélez, 55 años, fractura en maléolo del pie derecho.
Obdulia Villate Braceras, fractura en maléolo del pie.
Ricardo Villate Quintana, 76 años, contusión lumbar.
Agapito Zorrilla Larrea, 22 años, fractura de costilla.

PRONÓSTICO LEVE
Avelino Cerruela López, 25 años, herida en el pie derecho
Benito Gardeazábal Martín, 29 años, esguince de pie.
Luis Gómez Pascual, 6 años, herida en cuero cabelludo.
Mercedes Osante Arnáiz, 21 años, contusión en rodilla derecha.
José Rodríguez Larrea, 58 años, contusión en la pierna derecha.
Octavio Serrano Bermejillo, 28 años, contusión en hombro derecho y pierna.
Celso C. Revuelto, 59 años, herida en región frontal.
Al día siguiente por la mañana acudieron a recibir asistencia médica 4 heridos más:
Angelina Lavín, de 28 años
Santiago Valle, de 40 años
Ángel Villa, de 10 años
Fernando Zorrilla de 29 años.
Hubo otros heridos más que llegaron al día siguiente, en la tarde del 18 de agosto y fueron:
Isidro Puente, 14 años, de carácter reservado
María de Cela, 42 años, leve
María Jesús Madrona Díez, 18 años, leve
Emiliano Sáez, 26 años, leve.

Los tres muertos en el suceso

Tres personas murieron en aquel trágico suceso. El niño balmasedano, de 8 años de edad, Félix Gómez Pascual, la taquillera y esposa del empresario, Mª Milagros Pena y el menés vecino de Paradores de Mena, Julián Campo del Valle.
Los funerales
En la mañana del siguiente día, 18 de agosto, se celebró en la parroquia de San Severino un solemne funeral por las víctimas del accidente. El acto constituyó una sentida manifestación de duelo, al que se sumó prácticamente la totalidad de los vecinos de Balmaseda.

 

Detenciones

Articulo ABCSegún contaban las crónicas de aquellos días, se practicaron algunas detenciones. El juzgado de Balmaseda dictó Auto de Procesamiento contra el perito aparejador, Pascual Ruiz Uriarte, y contra el empresario y su ayudante José Arias Cabanales y Julio Martínez Torres, acusados todos ellos de imprudencia temeraria. Se encontraban en esa fecha en la cárcel balmasedana, y José Arias y Julio Martínez habían encomendado su defensa al abogado y procurador de Bilbao, Emilio Bravo.
El juzgado dictó también la libertad provisional de los encausados, exigiendo una fianza total de 850.000 pesetas, 500.000 para el perito aparejador, 250.000 para José Arias y 100.000 para Julio Martínez. Señaló también la cantidad de 750.000 pesetas, a efectos de responsabilidad civil, que habrían de satisfacer mancomunadamente los encausados, decretando el embargo de sus bienes para el caso de que no pudieran satisfacer dicha cantidad en metálico.
Intervino directamente en el sumario el fiscal de la Audiencia de Bilbao, Antonio Zarzalejos. El Juez de Primera Instancia de Balmaseda, a efectos de declaración de daños y perjuicios, publicó un edicto emplazando a los lesionados o sus representantes legales para que comparecieran en las dependencias judiciales a fin de presentar las reclamaciones oportunas.
El día de la catástrofe, cuando ya habían accedido a la plaza más de los dos tercios de los espectadores, se habían recaudado alrededor de 14.000 pesetas. El dinero fue intervenido minutos después del siniestro.
Según cuenta la prensa nacional, el diario ABC, el Gobernador Civil de Vizcaya entregó al alcalde de Balmaseda la cantidad de 10.000 pesetas, con destino a los damnificados por el hundimiento de la plaza, interesándose también por los heridos.
Las crónicas de prensa de la época escribían que en Balmaseda se había comentado “La feliz y acertada idea del alcalde de la villa que, a fin de poner coto a la curiosidad malsana de los chiquillos, ordenó que se cubriese exteriormente la plaza con tableros de madera”. De esta manera quedaron los bajos totalmente cerrados, y, por consiguiente, inaccesibles para la chavalería. De otro modo, seguía la crónica, “nadie duda en Valmaseda de que el pueblo habría perdido a la mayor parte de la chiquillería al ser aplastada por el maderamen de la plaza”, informaciones que aún siendo ciertas no dejaban de ser bastante exageradas.
También se pudo comprobar, en una inspección posterior, que a la plaza le faltaba bastante maderamen, careciendo de una especie de anillo atornillado que ribeteaba los bordes superiores a fin de aumentar la seguridad, comprobándose también que estaba deficientemente instalada.

 

Los aniversarios en varias publicaciones

Serrote_0008En el 30 aniversario, el fancine local “Cuadernos de Balmaseda”, publicado por los hermanos Jesús y Txomin Etxebarria Mirones, publicaba un  resumen de la tragedia que luego fue llevada a un libro de los mismos autores.  En el 50 aniversario de la catástrofe, en el año 2004, la revista semanal Clinex, de Balmaseda, publicó una serie de fotografías de las gradas de la plaza de toros en esa fatídica tarde, junto a varios artículos de prensa, de los cuales, reproducimos algunos en esta obra.
Los responsables de esa publicación, con la colaboración del Club Taurino de Balmaseda, hicieron tañer las campanas de la iglesia de San Severino, el día 17 de agosto, sobre las 17:15. Seguidamente, durante la misa de las 18:00 horas, se rindió un sentido recuerdo a las víctimas con la asistencia de algunos familiares de los fallecidos. También asistieron a la celebración muchas personas que estaban en la plaza ese día y resultaron ilesas, recordando aquellos trágicos momentos.

 

 

Documental: “Balmaseda 1954. Crónica de una tragedia”

 

Libro: “Tradición taurina de Balmaseda. Volumen 1 (1528-1960)

En el pasado mes de julio la Asociación Harresi Kulturala Elkartea de Balmaseda publicó un libro sobre la tradición taurina de Balmaseda, que se remonta a comienzos del siglo XVI según los documentos del archivo municipal de la villa.  En esta obra, se dedica un capítulo a la crónica de la tarde trágina en la que se derrumbó la plaza de toros poco antes de dar comienzo el espectáculo taurino “Troupe Cómica Bilbaina” y otro capítulo a las declaraciones de las personas que estaban presentes y vivieron los hechos, incluso algunos que resultaron heridos de diversa consideración.

Portada

 

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2 Respuestas a “Balmaseda 1954. Crónica de una tragedia

  1. Soy. Emma garcia-iturri ulibarri me ha emocionado recordar aquel suceso,(tenia 8 años).soy balmasedana y lo seguire siendo. Hoy he estado escuchando nuestro “Miserer”

    • Hola Emma.
      Muchas gracias por tu comentario.
      Siempre es agradable que nuestro trabajo encaminado a la recuperación de la memoria histórica de Balmaseda sea reconocido y apreciado. En nuestra página matriz harresi.org publicamos otros muchos artículos relacionados con la Villa de Balmaseda y la comarca de las Encartaciones que quizá puedan seer de tu interés.
      Un cordial saludo.
      Harresi Kulturala Elkartea

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